Al Kilimanjaro sin piolet

Corren tiempos de traición en los territorios ibéricos. Errejón traiciona a Pablo Iglesias (o viceversa, lo dejo a gusto del lector) y el que esto escribe traiciona la tradición navideña de los Chikos del Piolet. El cambio de año a 2019 no lo pasaré en un perdido refugio pirenaico, la cena de Nochevieja no será un delicioso menú gluten-free preparado por el chef Mataix y en el desayuno de Año Nuevo no habrá longaniza de Graus a la brasa … así es la vida. Este año toca mirar al sur, al África Oriental, en concreto a Tanzania, donde se encuentra una de las montañas más emblemáticas, el Kilimanjaro. Por un objetivo así, vale la pena romper una tradición, ¿no? … Uoopps, parezco Errejón …

A uno siempre le gusta pensar que no se siente atraído por las montañas famosas, que lo que te gusta es ir a sitios más solitarios y poco conocidos. Pero cuando llega el momento en el que te proponen hacer un viaje a Tanzania y uno de los planes es subir el Kilimanjaro, es díficil decir que no. Ya sea por ser una de las 7 cumbres, por que mi padre subió antes de que yo naciera o por ese toque de vanidad montañera que todos tenemos, en seguida te encuentras mirando por internet las distintas rutas, agencias y precios para llevar a cabo la ascensión. Y entre acordar el plan, intercambiar cientos de correos con agencias varias, hacer entrenamientos por las montañas de la terreta y demás, cuando te das cuenta es el 28 de Diciembre y cuando te despiertas por la mañana ves esto desde la terraza de tu hotel en Moshi … Y no, no es ninguna inocentada.

Vista al Kilimanjaro desde el Weru Weru River Lodge

Atrás queda la planificación de la ropa, medicinas, botas y demás equipo personal necesario. Las cosas comunes, ademas de los sacos de dormir y las esterillas, las pone la agencia y las cargan montaña arriba y abajo los porteadores. Nosotros solo tendremos que llevar a cuestas una mochila de día con el agua, algo de comer, cámara de fotos, ropa de abrigo y chubasquero. Los que serán nuestros guías durante los próximos seis días nos recogen en el Weru Weru River Lodge y después de las presentaciones de rigor nos dirigimos a Machame Gate, desde donde comenzaremos la ascensión.

Equipo expedicionario en Machame Gate. De izquierda a derecha, Cris, Joel, Joan, yo mismo, y David

Día 1. Machame Gate (1820 m) – Machame Camp (3020 m) 11 km

Una vez en la entrada del Parque Nacional del Kilimanjaro, los guías se encargan de toda la burocracia. Nosotros únicamente tendremos que firmar a la entrada y a la salida del parque, así como cada día al llegar a los campamentos. Mientras se soluciona todo el papeleo ya vemos la cantidad de gente que nos vamos a ir encontrando durante toda la ascensión. Haremos cumbre el día 1 de Enero y eso resulta ser un gran reclamo para muchos grupos. También observamos toda la logística que conlleva la ascensión. Todo el material del grupo se descarga de los coches que nos han traído hasta aquí y los porteadores comienzan a meterlos en los sacos que ellos se echaran a la espalda. Una vez repartido el material se pesa cada uno de los sacos con el fin de que no supere los 15 kilos, máximo permitido por el Parque Nacional. Solucionados todos los trámites comenzamos a andar por las faldas del Kilimanjaro, que en esta parte baja son el típico bosque tropical.

Cruzando en bosque tropical. El agua de esta cascada viene de muyyy arriba.

Este primer día, aunque hay que ascender un desnivel de 1200 metros se hace bastante sencillo. Hay muchas ganas de empezar la aventura, los guías marcan un ritmo muy llevadero y al ir por dentro del bosque la temperatura es muy agradable.

Aquí dos de nuestros guías. Txunga a la izquierda y Godifred a la derecha

Así que entre preguntas a los guías sobre lo que nos espera, flipar un poco viendo al ritmo que suben los porteadores por esta zona, leccions de swahili pole-pole, sipy-sipy y hakuna matata nos vamos acercando a Machame Camp, donde llegamos sin mayores contratiempos después de unas cuatro horas de caminata.

Estas son nuestras tiendas de campaña. Nuestra compañía se llama Ashante (gracias) Tours

Cuando llegamos tenemos ya todo listo, las tiendas de campaña con sacos y esterillas, agua caliente para asearte un poco y nuestra tienda comedor con palomitas y machi moto con la que prepararnos te o café hasta que llegue la hora de la cena. Como aun vamos a tope de energía jugamos a cartas hasta que nos traen la cena. Después, Brayson, nuestro guía jefe, nos da las instrucciones de cara el día siguiente, ropa, mochila y demás. Después seguimos con nuestros juegos de cartas hasta que van dejando de oírse voces por el campamento y nos damos cuenta que quizá vaya siendo hora de irse a dormir. Cuando salimos de la tienda comedor y vamos hacia las nuestras vemos un cielo estrellados de esos que ya no se ven por el mundo occidental (y de los que si hubiera sabido manejar la cámara grande habría podido fotografiar).

Día 2. Machame Camp (3020m) – Shira Camp (3880). 5 Km

El cono del volcán nos da manda un saludo matinal. Si todo va bien en cuatro días deberíamos estar en lo alto!

Allí a lo alto está Uhuru Peak

Hoy nos espera otro día sencillo, tan solo cinco kilómetros hasta Shira Camp. Hoy cambia un poco el paisaje, conforme vamos ganando altitud la vegetación se transforma y el bosque tropical deja paso a los moorlands, que se puede traducir a castellano como páramo.

Atravesando el páramo hasta Shira Camp

Es una vegetación más baja, tipo helechos, que enraiza directamente sobre terreno volcánico, que será el dominante el resto de días. A mitad de la jornada atravesamos la capa de nubes y con ella una pequeña tormenta que nos obliga a sacar los ponchos y chubasqueros.

Aunque el día ha amanecido despejado, pronto nos envuelve la niebla

En cualquier caso, la lluvia nos respeta bastante, lo que nos permite llegar al campamento secos pero con poco visibilidad debido a la niebla tan densa que nos rodea.

Llegada a Shira Camp

Son apenas las dos del mediodía, así que Vincent nos pone el agua caliente para el washy-washy de rigor y al poco nos dice que la comida está preparada. De nuevo, Brayson se nos une para comer y nos dice que si mejora un poco el tiempo por la tarde daremos una vuelta por las cuevas de Shira para ir moviéndonos un poco en altitud. Nosotros esperamos obedientes en nuestra tienda comedor entre partidas de carta y discusiones varias, hasta que viene Godifred y nos saca un rato de paseo hasta las cueva de Shira. Allí, nos cuenta, dormían los guías y porteadores durante los primeros años que la ruta Machame se empleo para subir al Kilimanjaro.

En la cena, Brayson nos explica de nuevo la ruta del día siguiente y ya nos avisa que lo serio empieza ahora. Subiremos hasta Lava Tower a casi 4700 metros para comer allí, e ir dándole a nuestro cuerpo oportunidad para ir adaptándose a la altitud.

Día 3. Shira Camp (3830m) – Lava Tower (4630m) – Barranco Camp (4000m). 11 km

Cuando nos levantamos, la niebla y las nubes que nos habían acompañado durante gran parte de la jornada anterior se han disipado totalmente. Lo cual nos brinda unas espectaculares vistas tanto hacia el omnipresente cráter del Kilimanjaro como hacia el valle.

Día radiante en Shira Camp. Al fondo y el monte Meru y a la derecha Brayson, nuestro guía principal

Por lo general, estas primeras horas del día son siempre las que el cielo está despejado y permite darse cuenta de las dimensiones de esta montaña. Una enormidad comparada con las montañas que estamos acostumbrados ver en lo Pirineos.

Poco a poco la parte final de la ascensión se ve más próxima

La lluvia que nos acompañó el día anterior ha dejado un espolvoreado de nieve y granizo sobre el cráter, lo cual lo hace más espectacular aun de lo que ya es.

Porteadores, los auténticos currantes de la ascensión al Kilimanjaro

Sin embargo, este paréntesis de sol dura poco y conforme nos vamos acercando a Lava Tower volvemos a encontrarnos rodeados de nubes. No solo la niebla y el frió comienzan a hacer acto de presencia. Con la altitud también empieza a asomar el dolor de cabeza típico que te avisa que tu cuerpo está en pleno proceso de aclimatación. A partir de aquí hay que regular fuerzas y si el dolor va a más, detener el ascenso o incluso descender unos metros hasta que remita.

Comienza lo serio amiguitos

Las etapas de esta ruta están pensadas para que cualquier persona pueda aclimatar correctamente. Por ello cuando llegamos a Lava Tower paramos a comer y, después de descansar un rato, desde allí descenderemos hasta Barranco Camp. Uhuru Peak se encuentra ya bastante cerca, en concreto a unos 2 km y 1000 metros de desnivel. Sin embargo, la ruta Machame gira aquí hacia el este para rodear la pared sur de Uhuru Peak y dirigirse hasta Barranco Valley, desde donde el resto de la ascensión no es tan pronunciada.

Lava Tower. Aquí pararemos a comer y a descansar.

Comemos y descansamos durante un par de horas en Lava Tower hasta que Brayson y Godifred nos dicen que es hora de reanudar la marcha. Viene el primer tramo de bajada de lo que llevamos de viaje. Hasta ahora nuestros guías nos han subido a un paso muy cómodo y constante, pero cuesta abajo, sin saber muy bien por que ponen el turbo hasta llegar a Barranco Camp. Luego preguntaríamos y nos dirían que simplemente fue para evitar colas en la oficina de registro del campamento.

Árboles típicos de esta zona parte del Kilimanjaro acompañados de turistas también típicos del Kilimanjaro

Con el descenso el dolor de cabeza va remitiendo hasta que llegamos al campamento donde ya podemos descansar hasta la hora de la cena.

Barranco Camp. Ecuador de la ascensión

Ante nosotros Barranco Wall, la única dificultad técnica de reseñar de toda la ascensión por la ruta Machame. Vista desde aquí parece algo serio, pero los guías nos dicen que en todo momento hay senda a través de la pared.

Se repite el ritual de todos los días, agüita caliente para lavarnos y tentempié con te y café en nuestro comedor hasta que llegue la hora de cenar. Lo que no se repite son las buenas caras de los días anteriores. Aquí ya estamos en la parte más agreste de la montaña y quien más y quien menos ya ha sufrido algún problemilla de salud. Así que cuando llega Brayson monta el consultorio médico:

  • ¿A ti que te duele?
  • La cabeza
  • Analgésico y mucha agua. ¿Y a ti?
  • El estómago
  • Analgésico y muchas agua

A pesar de estos dolores, parece ser que como grupo nos estamos moviendo bastante bien y rápido, por lo que nos propone que el día siguiente vayamos del tirón hasta Barafu Camp, en lugar de parar a comer a mitad de trayecto. De este modo podremos descansar allí durante más tiempo antes del gran día.

Ciudades en las llanuras, Moshi y Arusha, y ciudad en la alturas, Barranco Camp

Día 4. Barranco Camp (4000 m) – Barafu Camp (4600 m). 8 km

Pues toca superar Barranco Wall. Es un resalte de roca con múltiples canales que lo surcan a través de los cuales la senda va haciendo zig-zag hasta superarlo. Aunque se supone que es la parte más dura de la ruta, resulta bastante sencillo para cualquiera habituado a andar por el monte. Únicamente hay que apoyar las manos en algún paso aislado y poco más. Los porteadores pasan por ahí cargados como cada día y con mocasines, así que no es para nada complicado ni peligroso.

Barranco Wall

Como cada día Godifred se pone en cabeza del grupo y poco a poco vamos superando el escalón. Encontramos alguna sección en la que la roca se encuentra un poco húmeda y resbaladiza pero se supera sin mayores contratiempos.

Después de andar por caminos y sendas, este trozo un poco más aventurero le da un toque al día
Superado Barranco Wall el sol empieza a calentarnos un poco

Ya superada esta franja rocosa, de nuevo nos encontramos con un mirador espectacular tanto al cráter como al mar de nubes que nos impide ver Moshi y Arusha

En el reino de las alturas. Hoy y mañana nos encontraremos en todo momento por encima del mar de nubes
Continuamos rodeando la vertiente sur de Uhuru Peak

Una vez aquí, comenzamos un breve descenso antes de atacar la subida primero a Karanga Camp y finalmente Barafu Camp (a.k.a el campo de hielo en Swahili o Mordor para Joan).

Corto descenso camino de Karanga Camp

Durante la bajada abandonamos momentáneamente el terreno puramente volcánico para volver a las moorlands, aunque será por poco tiempo. En cuanto lleguemos a Karanga Camp, habremos entrado definitivamente en el reino de las alturas y todo lo que veremos en adelante será roca, nieve, hielo y nubes  ( … y mucha gente subiendo). Hasta tal punto es así, que es desde Karanga Camp desde donde los porteadores tienen que hacer constantes viajes a cargar agua para los campamentos más altos.

Último punto de agua, desde aquí comienza la subida mantenida primero a Karanga Camp y después a Barafu Camp

Cuando llegamos a Karanga viene la primera mini-crisis de uno los miembros del grupo. Joel no se encuentra bien desde hace un par de días y piensa en bajarse desde aquí. Pero después de hablar con Brayson, decide continuar hasta Barafu, a ver como evolucionan sus males y como le sienta la comida y el descanso.

Brayson: “Take a Diamox Joel”

Comemos algo rápido aquí y emprendemos la marcha hacia Barafu Camp. Ahora toca una subida de unos 600 metros por terreno suave, pero muy mantenido, lo cual hace que se vaya agarrando a las piernas.

Atrás queda Karanga Camp

A ritmo suave y constante se va haciendo camino y a nuestra izquierda vamos viendo lo que será la subida final hasta Stella Point y Uhuru Peak.

Este tramo de subida llega a hacerse un poco largo, el cansancio y la altitud van haciendo mella. Además, el campamento se ve desde lejos, pero parece que nunca llegas.

Arriba ya se intuye Barafu Camp. Y no, ni rastro de los orcos que esperaba encontrar Joan por allí

Por suerte, el estar cada vez más cerca del objetivo final aporta las energías necesarias. Desde aquí ya podemos ver lo que queda del glaciar del Kilimanjaro.

Las míticas nieves del Kilimanjaro

Finalmente, de acuerdo con el horario previsto, llegamos a Barafu Camp donde podemos descansar.

Pues eso, se nota, se siente Uhuru Peak está presente. 7 horas hasta allí, justo lo que nos costó a nosotros

Mientras comemos, Brayson nos felicita de nuevo por el buen ritmo que llevamos y nos pregunta como queremos organizarnos para la cena y el desayuno del gran día. Al final acordamos que cenaremos a las seis de la tarde para intentar dormir de siete a doce y comenzar la subida a cumbre en torno a la una de la mañana. Hasta la hora de la cena, tenemos tres horas de descanso. Mientras algunos se echan la siesta para descansar, yo cojo la cámara de fotos y voy a dar una vuelta por el campamento ya que se ha quedado una luz de atardecer preciosa. Hemos acampado en la parte baja de la zona habilitada, así que cuando subo hasta el final me doy cuenta de realmente la cantidad de gente que hay aquí hoy.

Parte baja de Barafu Camp
Parte alta de Barafu Camp, desde aquí ya rumbo a Stella Point

Desde la parte alta del campamento, se divisa el cráter del Mawenzi, también rodeado de nubes.

Atardece en el Mawenzi

Para mí, una de las cosas más bonitas de toda la actividad es la sensación de vivir durante tres días por encima de las nubes. Como he dicho anteriormente, las dimensiones del Kilimanjaro son algo que yo no había visto en ninguna montaña, así que ver todas sus formas alzarse más allá de las nubes me ha parecido algo espectacular.

Por esta senda hemos llegado al campamento dos horas atrás
Últimas luces de la tarde

Cena extraña, aunque no tanto como lo será el desayuno. Espagueti con algo de fruta, acompañados de nervios, preguntas y ultima ronda medicinas. Hasta la una de la mañana hay que intentar descansar en la tienda, para estar en las mejores condiciones posibles durante la subida.

 

Día 5. Barafu Camp (4600m) – Uhuru Peak (5895m) – Millenial Camp (3800m). 15 km

A las 0:00 del día 1 de Enero de 2019 nos despiertan los gritos de celebración de año nuevo de los porteadores (y de alguno que otro no porteador) y los fuegos artificiales que se lanzan desde Moshi y Arusha. Bienvenidos a 2019!!

El nuevo año no comienza demasiado bien para Joan, que apenas ha podido dormir y se levanta con bastante dolor de cabeza. Brayson le mide la saturación de oxígeno y al comprobar que esta entorno al 60% le dice que se quede descansando en el campamento en lugar de subir. Si en algún momento se encuentra peor, podrá despertar a Tchunga para descender a un campamento a menor altitud y descansar allí mejor. Los demás, con nuestras pequeñas teclas cada uno, nos encontramos bien por lo que sí intentaremos la cumbre. Los guías no hacen la triple comprobación de que llevamos todo lo necesario, la ropa de abrigo puesta y las pastillas que nos puedan hacer falta en la subida. Así pues, alrededor de la una y media de la mañana parte nuestra expedición a cumbre. Godifred y Brayson van sin mochila para poder cargar las nuestras cuando nos empiecen a fallar las fuerzas a nosotros. Además, nos acompaña un porteador de apoyo.

Comienza la parte más dura con diferencia de toda la ascensión al Kilimanjaro, no tanto a nivel físico (el ritmo al que subiremos es muy llevadero) como psicológico. Es noche cerrada, no hay luna, y lo único que vemos más arriba es la hilera de linternas de los que han salido antes que nosotros. Esto de no tener referencias sobre lo que vas avanzando a mí me cansa mucho mentalmente. A todo esto hay que sumarle que hace bastante viento, con lo cual a mí enseguida las manos se me quedan muy frías. Cuando llevamos unas dos horas de subida comenzamos a cruzarnos con los primeros “heridos” que se dan la vuelta y abandonan el reino de las alturas. Nosotros de momento parece que vamos bien, hasta que a cola de grupo se escucha:

  • Stop, stop!!

Y David vomita … Brayson no parece preocuparse mucho y anima a David a seguir adelante.

Sigue siendo noche cerrada, sigue sin verse un carajo y sigue bufando un viento gélido. Aquí no habla nadie, ya que cada uno va concentrado en sus propios pensamientos, que podrían ser cualquiera de los siguientes:

  • Pain is temporary, summit is forever
  • Por que narices no me he traído las manoplas de plumas si Rober me dijo que me las trajera …
  • Pole, Pole …
  • Hakuna Matata
  • ¿Quien me manda a mí meterme aquí?

En mitad de estas vicisitudes David vuelve a vomitar, a lo que Brayson contesta con un lapidario …

  • Vomitar dos veces está OK.

Con lo que David sigue adelante esperando a ver como evoluciona su contador de vómitos. Brayson y Godifred aprovechan este momento de confusión y le quitan la mochila a David, para que vaya más ligero, y a Cris para que pueda usar los calentadores en las manos, que también se le están quedando muy frías. Y a seguir pole-pole tras el rastro de los frontales que nos preceden.

Pero como no hay mal que cien años dure, miro el reloj y veo que ya son casi las 5 de la mañana. El amanecer nos trae nuevos ánimos, el sol calienta un poquito el ambiente, y aunque el viento sigue soplando con fuerza, poder ver el paisaje que nos rodea y tener Stella Point a la vista hace que continuar caminando no sea tan monótono.

Amanece un nuevo año en África…

La luz del día también nos muestra claramente la cantidad de gente que estamos intentado hacer cumbre. Lo que antes eran puntos de luz alejados se convierten en una amalgama de turistas, guías y porteadores acercándonos poco a poco a Uhuru Peak.

… y nosotros de estas guisas

Pero bueno, antes de la cima hay que llegar a Stella Point, que se está haciendo de desear.

Cris siguiendo a Brayson en los últimos metros antes de Stella Point

Aquí ya prácticamente todo el mundo tiene algo de dolor de cabeza, “borrachera” por la falta de oxígeno, dolores varios, cosas esperables de altitud dado, que ya hemos superado casi todo el desnivel y nos encontramos a casi 5700 metros.

Hasta que finalmente llegamos a Stella Point alrededor de las siete y media de la mañana y nos podemos tomar un pequeño respiro acompañado de un té caliente que nuestro porteador de apoyo ha subido muy gentilmente desde el campamento. Después de la breve parada, nos dirigimos a la cumbre, de la cual nos separa un terreno ya muy llano por el que podremos ver entre las nubes que van y vienen los restos del glaciar del Kilimanjaro, así como el fondo del crater.

Desde Stella Point hay que seguir este cómodo camino hasta Uhuru Peak
El cráter del Kibo
Las nieves perpetuas que otros días veíamos desde abajo
Ambiente un tanto en trance ya a casi 6000 metros

Todo lo que nos rodea quita la poca respiración que nos queda, tanto el mar de nubes hacía las llanuras de la sabana como las moles de hielo. La sensación de medio alucine que llevas encima en este momento debido a la altitud, le da además un toque un tanto alucinógeno al asunto. Solo el viento y el frío que continua haciendo te devuelven a menudo a la realidad de que te encuentras a 5900 metros y tampoco conviene entretenerse demasiado a estas altitudes a las que nuestro cuerpo no está acostumbrado. Por suerte, pronto vemos ya una aglomeración de gente un poquito más adelante que nos indica que allí deben estar las famosas tablillas donde hacerse la foto de cumbre.

“¿Oiga quien da la vez para la foto?”

Una vez allí, toca coger número para hacerse la foto. Los hay que van rápido, pero también algunos que se piensan que se encuentran allí solos y deciden hacerse foto de grupo, foto de grupo más los guías, foto de grupo con la bandera del país de turno, foto un móvil, foto con otro móvil … Hasta que otro grupo se cansa de esperar y prácticamente les tira del sitio. Nosotros esperamos pacientemente nuestro turno, porque tampoco es plan de irse de allí sin LA FOTO …

Dejamos que el resto de grupos tras nosotros se disputen este codiciado Photo Call de las alturas y comenzamos el descenso. Al igual que el resto de jornadas, en bajada nuestros guías se olvidan del modo pole-pole y pasan al modo a tope. Por ello, el primer tramo de bajada lo hacemos en apenas una hora a través de una pedrera de piedra fina que facilita bastante el descenso. Durante esta bajada empiezas a darte cuenta de los estragos que puede llegar a causar la subida en las personas. Bastante gente tiene que bajar de la mano de porteadores para no tropezarse y caer por el nivel de agotamiento que llevan. Otros directamente, bajan casi en volandas entre dos porteadores.

Nosotros, en general, nos encontramos bastante bien todos, por lo que podemos continuar el descenso a buen ritmo hasta volver al campamento, donde podremos comer y descansar durante un par de horas. Al llegar nos dicen que Joan se había despertado sin encontrarse mejor, por lo que había decidido bajar hasta el siguiente campamento.

Pues nada, que hace un rato, estábamos en la cumbre, ¿no?

Mientras descansamos y disfrutamos del reto superado vamos haciendo puesta en común de la experiencia de la subida. Todos hemos pasado por el momento borrachera, así que nos contamos por donde nos daba a cada uno, efusividad, problemas de geolocalización, sensación de irrealidad … Gajes del oficio …

Pero bueno, esto se acaba. Después de comer, de nuevo mochilas al hombro y hacia Millenial Camp, donde llegamos en poco más de hora y media. Cuando llegamos, Joan nos cuenta como decidió descender al encontrarse cada vez peor. Como era de esperar, en cuanto bajó unos metros los síntomas remitieron y ahora se encuentra bastante mejor. Nosotros le contamos como ha sido la subida y nos vamos a descansar un rato antes de cenar.

Día 6. Millenial Camp (3700 m) a Mweka Gate (1600 m). 13km

Último día en el Kilimanjaro. Por suerte cuando nos despertamos está un poco despejado y podemos despedirnos del Uhuru Peak antes de abandonar el reino encima de las nubes.

Adios Uhuru Peak
Porteadores en pleno momento propinístico

Desde aquí un largo descenso en el que iremos atravesando los mismo paisajes que visitamos a la subida, pero en orden inverso. Del desierto alpino pasaremos por el páramo hasta acabar en el bosque tropical donde se encuentra la puerta de salida del parque.

De vuelta al páramo. Ascención Sponsored by Analog Devices
Última foto siendo colegas de los guías. A partir de aquí tendríamos nuestras pequeñas diferencias

Alrededor de las doce del mediodía llegamos a Mweka Gate, donde tendremos que esperar un rato hasta que nos dan nuestros diplomas de cumbre. Desde aquí a comer con Brayson ya que Godifred ha desaparecido sin despedirse. Durante la comida tocamos el peliagudo tema de la propina, que nosotros la habíamos gestionado directamente con la agencia, lo cual no pareció gustarle mucho a Brayson. En fin, cosas que pasan. Después vimos como Brayson hablaba con el comercial de la agencia y no se como acabaría el tema entre ellos. A nosotros nos devolvieron al Weru Weru, donde habíamos dejado el equipaje que no era necesario para el Kilimanjaro, y donde nos prepararíamos para las excursiones al Serengueti y al Ngorongoro.

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