Canción de nieve y roca: Tres reyes en Tierra de Naide

Últimamente en los reinos ibéricos el invierno tarda bastante en llegar y se va muy pronto. Así que aquellos a los que nos gusta recorrer los valles nevados de las tierras del norte peninsular hemos de aprovechar las ocasiones que se presentan para desplazarnos hasta allí.

El Valle de Anso

En esta ocasión iremos a la zona fronteriza entre los antiguos reinos de Aragón, Navarra y Francia para intentar subir la Mesa de los Tres Reyes son esquis. Aunque no es una ascensión difícil hemos de prestar atención a la maldición que nos persigue a los montañeros levantinos …

“… si a los Pirineos en un viernes quieres subir, muy poco has de dormir …”

… y aunque esta vez no llegamos tarde en absoluto al refugio de Linza, poco después de la medianoche recibimos la visita en nuestra habitación de un oscuro ser cuyos ronquidos hacían vibrar las literas donde dormíamos. Por suerte, con el mismo halo de misterio con el que apareció dicho ser se esfuma alrededor de las cuatro de la mañana para que podamos dormir un poco.

Tan pronto como sale el sol desayunamos, preparamos el equipo y comenzamos a seguir la huella en dirección al collado de Linza. Durante el trayecto nos vamos encontrando con los moradores del norte que saluda nuestro paso a la voz de “Kaixo” y “Oso Ondo”. Será la tónica habitual durante este día escuchar poca lengua castellana.

La Mesa de los Tres Reyes a la izquierda del valle

Una vez alcanzado el collado de Linza nos dejamos caer en una suave diagonal hacía la izquierda hasta divisar ya al fondo la cima de la Mesa de los Tres Reyes. Desde el fondo del barranco superamos un pequeño desnivel hasta llegar a una loma que ya prácticamente no dejaremos hasta que nos quitemos los esquis antes de llegar a la arista cimera.

Aunque en esta zona las montañas son más bajas que en los valle más orientales las vistas que nos vamos encontrando son igual de espectaculares.

Pertrechema y las Agujas de Ansabere

Hace un día perfecto para estar en el monte por lo que dedicamos bastante tiempo a fotografiar la zona, ya que es la primera vez que la pisamos.

Si alguna vez me pierdo … No me busqueis en esas agujas 😛

En estas nos adelanta un oriundo de la zona cual expresso de medianoche y sin dudarlo intentamos seguirle el ritmo para que nos lleve por el camino más comodo. Pero, como ya hemos podido comprobar en otras ocasiones, esta gente del norte está hecha de otra pasta, así que poco depues estamos con la lengua fuera y pidiendo clemencia. De cualquier modo, estamos ya a pie de cumbre prácticamente, así que solo nos queda cambiar esquis por crampones y subir la arista cimera.

Arista cimera

Hay que andarse con un poco de ojo porque la arista, aun no siendo díficil, va alternando tramos de roca con nieve blanda e incluso un poco de hielo, así que hay que mirar bien cada paso. Aunque somos de retirada de fácil, superamos la arista y llegamos a la cumbre.

Aquí noy hay ni mesa ni reyes …

San Francisco Javier
Réplica del Castillo de Javier

… solo hay un santo, un castillo de hojalata y gentes del norte almorzando al sol y disfrutando de las vistas. Defraudados por no haber encontrado ningún monarca destrepamos la arista ponemos los esquis en modo descenso y bajamos el largo barranco que nos lleva hasta la Hoya de Portillo de Larra, desde donde remontaremos la Pakiza de Linzola buscando un descenso más directo hasta el refugio de Linza (track).

Después del merecido descanso en el refugio y tomando un café al sol comentamos:

  • Pues no hemos visto ningún rey por aquí
  • Pues no, vámonos a la zona de Riglos a escalar que allí por lo menos vemos buitres
  • Oso ondo … A falta de reyes buenos son buitres

Al amanecer del domingo el reloj y una pista en mal estado deciden por nosotros que en lugar de escalar Dos Diablos en el Corazon en Peña Rueba, hagamos Tierra de Naide (V+, 145m, 5 largos) en los Mallo de Agüero. Una vía corta, fácil y equipada por nuestros admirados Sendero Límite, lo cual es siempre sinónimo de escalada de placer.

Pared este de los Mallo de Agüero

Cuando llegamos al aparcamiento y nos disponemos a salir, una pareja que había allí nos preguntan:

  • ¿Donde vaís?
  • A Tierra de Naide – les respondemos
  • Ah bien … Ya vereis, es demasiado fácil …

Bueno, siempre es preferible que te digan esto antes de comenzar una vía, a que te digan lo contrario, no? Comenzamos a andar, y cuando llevamos apenas cinco minutos me noto muy ligero. Miro a Luis y el va igual ligero que yo …

  •  Pues estamos buenos, vamos para abajo a por los cascos

Me puedo imaginar lo que pensaría la pareja al vernos volver a por los cascos.

L1. III+ o IV. El largo termina donde empieza la sombra

Llegamos a píe de vía y comienza Luis a escalar. Tal y como nos han avisado esto es bastante fácil, placa tumbada de conglomerado que se supera sin problemas. El segundo largo mantiene esa tónica aunque ya no tan tumbado.

L2. V, un poco más vertical que el anterior
Vistas a Peña Rueba desde la segunda reunión

El tercer largo de nuevo tumba y nos deja a pie del largo más díficil del día, un V+ mantenido muy bien protegido que se sube sin mayores dificultades.

L4. V+ más vertical pero sin ningún paso especialmente duro

El último largo vuelve a ser sencillo simplemente para llegar a lo más alto del mallo.

Acabando la vía

Una vez arriba solo queda recoger …

… disfrutar de las vistas …

… y despedirnos de los buitres que nos esperan al comienzo de la canal del rapel …

El Mallo de los Tres Buitres

 

Enlaces más serios …

Mesa de los Tres Reyes en LaMeteoqueViene

Tierra de Naide en Costra y Pus

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Al Kilimanjaro sin piolet

Corren tiempos de traición en los territorios ibéricos. Errejón traiciona a Pablo Iglesias (o viceversa, lo dejo a gusto del lector) y el que esto escribe traiciona la tradición navideña de los Chikos del Piolet. El cambio de año a 2019 no lo pasaré en un perdido refugio pirenaico, la cena de Nochevieja no será un delicioso menú gluten-free preparado por el chef Mataix y en el desayuno de Año Nuevo no habrá longaniza de Graus a la brasa … así es la vida. Este año toca mirar al sur, al África Oriental, en concreto a Tanzania, donde se encuentra una de las montañas más emblemáticas, el Kilimanjaro. Por un objetivo así, vale la pena romper una tradición, ¿no? … Uoopps, parezco Errejón …

A uno siempre le gusta pensar que no se siente atraído por las montañas famosas, que lo que te gusta es ir a sitios más solitarios y poco conocidos. Pero cuando llega el momento en el que te proponen hacer un viaje a Tanzania y uno de los planes es subir el Kilimanjaro, es díficil decir que no. Ya sea por ser una de las 7 cumbres, por que mi padre subió antes de que yo naciera o por ese toque de vanidad montañera que todos tenemos, en seguida te encuentras mirando por internet las distintas rutas, agencias y precios para llevar a cabo la ascensión. Y entre acordar el plan, intercambiar cientos de correos con agencias varias, hacer entrenamientos por las montañas de la terreta y demás, cuando te das cuenta es el 28 de Diciembre y cuando te despiertas por la mañana ves esto desde la terraza de tu hotel en Moshi … Y no, no es ninguna inocentada.

Vista al Kilimanjaro desde el Weru Weru River Lodge

Atrás queda la planificación de la ropa, medicinas, botas y demás equipo personal necesario. Las cosas comunes, ademas de los sacos de dormir y las esterillas, las pone la agencia y las cargan montaña arriba y abajo los porteadores. Nosotros solo tendremos que llevar a cuestas una mochila de día con el agua, algo de comer, cámara de fotos, ropa de abrigo y chubasquero. Los que serán nuestros guías durante los próximos seis días nos recogen en el Weru Weru River Lodge y después de las presentaciones de rigor nos dirigimos a Machame Gate, desde donde comenzaremos la ascensión.

Equipo expedicionario en Machame Gate. De izquierda a derecha, Cris, Joel, Joan, yo mismo, y David

Día 1. Machame Gate (1820 m) – Machame Camp (3020 m) 11 km

Una vez en la entrada del Parque Nacional del Kilimanjaro, los guías se encargan de toda la burocracia. Nosotros únicamente tendremos que firmar a la entrada y a la salida del parque, así como cada día al llegar a los campamentos. Mientras se soluciona todo el papeleo ya vemos la cantidad de gente que nos vamos a ir encontrando durante toda la ascensión. Haremos cumbre el día 1 de Enero y eso resulta ser un gran reclamo para muchos grupos. También observamos toda la logística que conlleva la ascensión. Todo el material del grupo se descarga de los coches que nos han traído hasta aquí y los porteadores comienzan a meterlos en los sacos que ellos se echaran a la espalda. Una vez repartido el material se pesa cada uno de los sacos con el fin de que no supere los 15 kilos, máximo permitido por el Parque Nacional. Solucionados todos los trámites comenzamos a andar por las faldas del Kilimanjaro, que en esta parte baja son el típico bosque tropical.

Cruzando en bosque tropical. El agua de esta cascada viene de muyyy arriba.

Este primer día, aunque hay que ascender un desnivel de 1200 metros se hace bastante sencillo. Hay muchas ganas de empezar la aventura, los guías marcan un ritmo muy llevadero y al ir por dentro del bosque la temperatura es muy agradable.

Aquí dos de nuestros guías. Txunga a la izquierda y Godifred a la derecha

Así que entre preguntas a los guías sobre lo que nos espera, flipar un poco viendo al ritmo que suben los porteadores por esta zona, leccions de swahili pole-pole, sipy-sipy y hakuna matata nos vamos acercando a Machame Camp, donde llegamos sin mayores contratiempos después de unas cuatro horas de caminata.

Estas son nuestras tiendas de campaña. Nuestra compañía se llama Ashante (gracias) Tours

Cuando llegamos tenemos ya todo listo, las tiendas de campaña con sacos y esterillas, agua caliente para asearte un poco y nuestra tienda comedor con palomitas y machi moto con la que prepararnos te o café hasta que llegue la hora de la cena. Como aun vamos a tope de energía jugamos a cartas hasta que nos traen la cena. Después, Brayson, nuestro guía jefe, nos da las instrucciones de cara el día siguiente, ropa, mochila y demás. Después seguimos con nuestros juegos de cartas hasta que van dejando de oírse voces por el campamento y nos damos cuenta que quizá vaya siendo hora de irse a dormir. Cuando salimos de la tienda comedor y vamos hacia las nuestras vemos un cielo estrellados de esos que ya no se ven por el mundo occidental (y de los que si hubiera sabido manejar la cámara grande habría podido fotografiar).

Día 2. Machame Camp (3020m) – Shira Camp (3880). 5 Km

El cono del volcán nos da manda un saludo matinal. Si todo va bien en cuatro días deberíamos estar en lo alto!

Allí a lo alto está Uhuru Peak

Hoy nos espera otro día sencillo, tan solo cinco kilómetros hasta Shira Camp. Hoy cambia un poco el paisaje, conforme vamos ganando altitud la vegetación se transforma y el bosque tropical deja paso a los moorlands, que se puede traducir a castellano como páramo.

Atravesando el páramo hasta Shira Camp

Es una vegetación más baja, tipo helechos, que enraiza directamente sobre terreno volcánico, que será el dominante el resto de días. A mitad de la jornada atravesamos la capa de nubes y con ella una pequeña tormenta que nos obliga a sacar los ponchos y chubasqueros.

Aunque el día ha amanecido despejado, pronto nos envuelve la niebla

En cualquier caso, la lluvia nos respeta bastante, lo que nos permite llegar al campamento secos pero con poco visibilidad debido a la niebla tan densa que nos rodea.

Llegada a Shira Camp

Son apenas las dos del mediodía, así que Vincent nos pone el agua caliente para el washy-washy de rigor y al poco nos dice que la comida está preparada. De nuevo, Brayson se nos une para comer y nos dice que si mejora un poco el tiempo por la tarde daremos una vuelta por las cuevas de Shira para ir moviéndonos un poco en altitud. Nosotros esperamos obedientes en nuestra tienda comedor entre partidas de carta y discusiones varias, hasta que viene Godifred y nos saca un rato de paseo hasta las cueva de Shira. Allí, nos cuenta, dormían los guías y porteadores durante los primeros años que la ruta Machame se empleo para subir al Kilimanjaro.

En la cena, Brayson nos explica de nuevo la ruta del día siguiente y ya nos avisa que lo serio empieza ahora. Subiremos hasta Lava Tower a casi 4700 metros para comer allí, e ir dándole a nuestro cuerpo oportunidad para ir adaptándose a la altitud.

Día 3. Shira Camp (3830m) – Lava Tower (4630m) – Barranco Camp (4000m). 11 km

Cuando nos levantamos, la niebla y las nubes que nos habían acompañado durante gran parte de la jornada anterior se han disipado totalmente. Lo cual nos brinda unas espectaculares vistas tanto hacia el omnipresente cráter del Kilimanjaro como hacia el valle.

Día radiante en Shira Camp. Al fondo y el monte Meru y a la derecha Brayson, nuestro guía principal

Por lo general, estas primeras horas del día son siempre las que el cielo está despejado y permite darse cuenta de las dimensiones de esta montaña. Una enormidad comparada con las montañas que estamos acostumbrados ver en lo Pirineos.

Poco a poco la parte final de la ascensión se ve más próxima

La lluvia que nos acompañó el día anterior ha dejado un espolvoreado de nieve y granizo sobre el cráter, lo cual lo hace más espectacular aun de lo que ya es.

Porteadores, los auténticos currantes de la ascensión al Kilimanjaro

Sin embargo, este paréntesis de sol dura poco y conforme nos vamos acercando a Lava Tower volvemos a encontrarnos rodeados de nubes. No solo la niebla y el frió comienzan a hacer acto de presencia. Con la altitud también empieza a asomar el dolor de cabeza típico que te avisa que tu cuerpo está en pleno proceso de aclimatación. A partir de aquí hay que regular fuerzas y si el dolor va a más, detener el ascenso o incluso descender unos metros hasta que remita.

Comienza lo serio amiguitos

Las etapas de esta ruta están pensadas para que cualquier persona pueda aclimatar correctamente. Por ello cuando llegamos a Lava Tower paramos a comer y, después de descansar un rato, desde allí descenderemos hasta Barranco Camp. Uhuru Peak se encuentra ya bastante cerca, en concreto a unos 2 km y 1000 metros de desnivel. Sin embargo, la ruta Machame gira aquí hacia el este para rodear la pared sur de Uhuru Peak y dirigirse hasta Barranco Valley, desde donde el resto de la ascensión no es tan pronunciada.

Lava Tower. Aquí pararemos a comer y a descansar.

Comemos y descansamos durante un par de horas en Lava Tower hasta que Brayson y Godifred nos dicen que es hora de reanudar la marcha. Viene el primer tramo de bajada de lo que llevamos de viaje. Hasta ahora nuestros guías nos han subido a un paso muy cómodo y constante, pero cuesta abajo, sin saber muy bien por que ponen el turbo hasta llegar a Barranco Camp. Luego preguntaríamos y nos dirían que simplemente fue para evitar colas en la oficina de registro del campamento.

Árboles típicos de esta zona parte del Kilimanjaro acompañados de turistas también típicos del Kilimanjaro

Con el descenso el dolor de cabeza va remitiendo hasta que llegamos al campamento donde ya podemos descansar hasta la hora de la cena.

Barranco Camp. Ecuador de la ascensión

Ante nosotros Barranco Wall, la única dificultad técnica de reseñar de toda la ascensión por la ruta Machame. Vista desde aquí parece algo serio, pero los guías nos dicen que en todo momento hay senda a través de la pared.

Se repite el ritual de todos los días, agüita caliente para lavarnos y tentempié con te y café en nuestro comedor hasta que llegue la hora de cenar. Lo que no se repite son las buenas caras de los días anteriores. Aquí ya estamos en la parte más agreste de la montaña y quien más y quien menos ya ha sufrido algún problemilla de salud. Así que cuando llega Brayson monta el consultorio médico:

  • ¿A ti que te duele?
  • La cabeza
  • Analgésico y mucha agua. ¿Y a ti?
  • El estómago
  • Analgésico y muchas agua

A pesar de estos dolores, parece ser que como grupo nos estamos moviendo bastante bien y rápido, por lo que nos propone que el día siguiente vayamos del tirón hasta Barafu Camp, en lugar de parar a comer a mitad de trayecto. De este modo podremos descansar allí durante más tiempo antes del gran día.

Ciudades en las llanuras, Moshi y Arusha, y ciudad en la alturas, Barranco Camp

Día 4. Barranco Camp (4000 m) – Barafu Camp (4600 m). 8 km

Pues toca superar Barranco Wall. Es un resalte de roca con múltiples canales que lo surcan a través de los cuales la senda va haciendo zig-zag hasta superarlo. Aunque se supone que es la parte más dura de la ruta, resulta bastante sencillo para cualquiera habituado a andar por el monte. Únicamente hay que apoyar las manos en algún paso aislado y poco más. Los porteadores pasan por ahí cargados como cada día y con mocasines, así que no es para nada complicado ni peligroso.

Barranco Wall

Como cada día Godifred se pone en cabeza del grupo y poco a poco vamos superando el escalón. Encontramos alguna sección en la que la roca se encuentra un poco húmeda y resbaladiza pero se supera sin mayores contratiempos.

Después de andar por caminos y sendas, este trozo un poco más aventurero le da un toque al día
Superado Barranco Wall el sol empieza a calentarnos un poco

Ya superada esta franja rocosa, de nuevo nos encontramos con un mirador espectacular tanto al cráter como al mar de nubes que nos impide ver Moshi y Arusha

En el reino de las alturas. Hoy y mañana nos encontraremos en todo momento por encima del mar de nubes
Continuamos rodeando la vertiente sur de Uhuru Peak

Una vez aquí, comenzamos un breve descenso antes de atacar la subida primero a Karanga Camp y finalmente Barafu Camp (a.k.a el campo de hielo en Swahili o Mordor para Joan).

Corto descenso camino de Karanga Camp

Durante la bajada abandonamos momentáneamente el terreno puramente volcánico para volver a las moorlands, aunque será por poco tiempo. En cuanto lleguemos a Karanga Camp, habremos entrado definitivamente en el reino de las alturas y todo lo que veremos en adelante será roca, nieve, hielo y nubes  ( … y mucha gente subiendo). Hasta tal punto es así, que es desde Karanga Camp desde donde los porteadores tienen que hacer constantes viajes a cargar agua para los campamentos más altos.

Último punto de agua, desde aquí comienza la subida mantenida primero a Karanga Camp y después a Barafu Camp

Cuando llegamos a Karanga viene la primera mini-crisis de uno los miembros del grupo. Joel no se encuentra bien desde hace un par de días y piensa en bajarse desde aquí. Pero después de hablar con Brayson, decide continuar hasta Barafu, a ver como evolucionan sus males y como le sienta la comida y el descanso.

Brayson: “Take a Diamox Joel”

Comemos algo rápido aquí y emprendemos la marcha hacia Barafu Camp. Ahora toca una subida de unos 600 metros por terreno suave, pero muy mantenido, lo cual hace que se vaya agarrando a las piernas.

Atrás queda Karanga Camp

A ritmo suave y constante se va haciendo camino y a nuestra izquierda vamos viendo lo que será la subida final hasta Stella Point y Uhuru Peak.

Este tramo de subida llega a hacerse un poco largo, el cansancio y la altitud van haciendo mella. Además, el campamento se ve desde lejos, pero parece que nunca llegas.

Arriba ya se intuye Barafu Camp. Y no, ni rastro de los orcos que esperaba encontrar Joan por allí

Por suerte, el estar cada vez más cerca del objetivo final aporta las energías necesarias. Desde aquí ya podemos ver lo que queda del glaciar del Kilimanjaro.

Las míticas nieves del Kilimanjaro

Finalmente, de acuerdo con el horario previsto, llegamos a Barafu Camp donde podemos descansar.

Pues eso, se nota, se siente Uhuru Peak está presente. 7 horas hasta allí, justo lo que nos costó a nosotros

Mientras comemos, Brayson nos felicita de nuevo por el buen ritmo que llevamos y nos pregunta como queremos organizarnos para la cena y el desayuno del gran día. Al final acordamos que cenaremos a las seis de la tarde para intentar dormir de siete a doce y comenzar la subida a cumbre en torno a la una de la mañana. Hasta la hora de la cena, tenemos tres horas de descanso. Mientras algunos se echan la siesta para descansar, yo cojo la cámara de fotos y voy a dar una vuelta por el campamento ya que se ha quedado una luz de atardecer preciosa. Hemos acampado en la parte baja de la zona habilitada, así que cuando subo hasta el final me doy cuenta de realmente la cantidad de gente que hay aquí hoy.

Parte baja de Barafu Camp
Parte alta de Barafu Camp, desde aquí ya rumbo a Stella Point

Desde la parte alta del campamento, se divisa el cráter del Mawenzi, también rodeado de nubes.

Atardece en el Mawenzi

Para mí, una de las cosas más bonitas de toda la actividad es la sensación de vivir durante tres días por encima de las nubes. Como he dicho anteriormente, las dimensiones del Kilimanjaro son algo que yo no había visto en ninguna montaña, así que ver todas sus formas alzarse más allá de las nubes me ha parecido algo espectacular.

Por esta senda hemos llegado al campamento dos horas atrás
Últimas luces de la tarde

Cena extraña, aunque no tanto como lo será el desayuno. Espagueti con algo de fruta, acompañados de nervios, preguntas y ultima ronda medicinas. Hasta la una de la mañana hay que intentar descansar en la tienda, para estar en las mejores condiciones posibles durante la subida.

 

Día 5. Barafu Camp (4600m) – Uhuru Peak (5895m) – Millenial Camp (3800m). 15 km

A las 0:00 del día 1 de Enero de 2019 nos despiertan los gritos de celebración de año nuevo de los porteadores (y de alguno que otro no porteador) y los fuegos artificiales que se lanzan desde Moshi y Arusha. Bienvenidos a 2019!!

El nuevo año no comienza demasiado bien para Joan, que apenas ha podido dormir y se levanta con bastante dolor de cabeza. Brayson le mide la saturación de oxígeno y al comprobar que esta entorno al 60% le dice que se quede descansando en el campamento en lugar de subir. Si en algún momento se encuentra peor, podrá despertar a Tchunga para descender a un campamento a menor altitud y descansar allí mejor. Los demás, con nuestras pequeñas teclas cada uno, nos encontramos bien por lo que sí intentaremos la cumbre. Los guías no hacen la triple comprobación de que llevamos todo lo necesario, la ropa de abrigo puesta y las pastillas que nos puedan hacer falta en la subida. Así pues, alrededor de la una y media de la mañana parte nuestra expedición a cumbre. Godifred y Brayson van sin mochila para poder cargar las nuestras cuando nos empiecen a fallar las fuerzas a nosotros. Además, nos acompaña un porteador de apoyo.

Comienza la parte más dura con diferencia de toda la ascensión al Kilimanjaro, no tanto a nivel físico (el ritmo al que subiremos es muy llevadero) como psicológico. Es noche cerrada, no hay luna, y lo único que vemos más arriba es la hilera de linternas de los que han salido antes que nosotros. Esto de no tener referencias sobre lo que vas avanzando a mí me cansa mucho mentalmente. A todo esto hay que sumarle que hace bastante viento, con lo cual a mí enseguida las manos se me quedan muy frías. Cuando llevamos unas dos horas de subida comenzamos a cruzarnos con los primeros “heridos” que se dan la vuelta y abandonan el reino de las alturas. Nosotros de momento parece que vamos bien, hasta que a cola de grupo se escucha:

  • Stop, stop!!

Y David vomita … Brayson no parece preocuparse mucho y anima a David a seguir adelante.

Sigue siendo noche cerrada, sigue sin verse un carajo y sigue bufando un viento gélido. Aquí no habla nadie, ya que cada uno va concentrado en sus propios pensamientos, que podrían ser cualquiera de los siguientes:

  • Pain is temporary, summit is forever
  • Por que narices no me he traído las manoplas de plumas si Rober me dijo que me las trajera …
  • Pole, Pole …
  • Hakuna Matata
  • ¿Quien me manda a mí meterme aquí?

En mitad de estas vicisitudes David vuelve a vomitar, a lo que Brayson contesta con un lapidario …

  • Vomitar dos veces está OK.

Con lo que David sigue adelante esperando a ver como evoluciona su contador de vómitos. Brayson y Godifred aprovechan este momento de confusión y le quitan la mochila a David, para que vaya más ligero, y a Cris para que pueda usar los calentadores en las manos, que también se le están quedando muy frías. Y a seguir pole-pole tras el rastro de los frontales que nos preceden.

Pero como no hay mal que cien años dure, miro el reloj y veo que ya son casi las 5 de la mañana. El amanecer nos trae nuevos ánimos, el sol calienta un poquito el ambiente, y aunque el viento sigue soplando con fuerza, poder ver el paisaje que nos rodea y tener Stella Point a la vista hace que continuar caminando no sea tan monótono.

Amanece un nuevo año en África…

La luz del día también nos muestra claramente la cantidad de gente que estamos intentado hacer cumbre. Lo que antes eran puntos de luz alejados se convierten en una amalgama de turistas, guías y porteadores acercándonos poco a poco a Uhuru Peak.

… y nosotros de estas guisas

Pero bueno, antes de la cima hay que llegar a Stella Point, que se está haciendo de desear.

Cris siguiendo a Brayson en los últimos metros antes de Stella Point

Aquí ya prácticamente todo el mundo tiene algo de dolor de cabeza, “borrachera” por la falta de oxígeno, dolores varios, cosas esperables de altitud dado, que ya hemos superado casi todo el desnivel y nos encontramos a casi 5700 metros.

Hasta que finalmente llegamos a Stella Point alrededor de las siete y media de la mañana y nos podemos tomar un pequeño respiro acompañado de un té caliente que nuestro porteador de apoyo ha subido muy gentilmente desde el campamento. Después de la breve parada, nos dirigimos a la cumbre, de la cual nos separa un terreno ya muy llano por el que podremos ver entre las nubes que van y vienen los restos del glaciar del Kilimanjaro, así como el fondo del crater.

Desde Stella Point hay que seguir este cómodo camino hasta Uhuru Peak
El cráter del Kibo
Las nieves perpetuas que otros días veíamos desde abajo
Ambiente un tanto en trance ya a casi 6000 metros

Todo lo que nos rodea quita la poca respiración que nos queda, tanto el mar de nubes hacía las llanuras de la sabana como las moles de hielo. La sensación de medio alucine que llevas encima en este momento debido a la altitud, le da además un toque un tanto alucinógeno al asunto. Solo el viento y el frío que continua haciendo te devuelven a menudo a la realidad de que te encuentras a 5900 metros y tampoco conviene entretenerse demasiado a estas altitudes a las que nuestro cuerpo no está acostumbrado. Por suerte, pronto vemos ya una aglomeración de gente un poquito más adelante que nos indica que allí deben estar las famosas tablillas donde hacerse la foto de cumbre.

“¿Oiga quien da la vez para la foto?”

Una vez allí, toca coger número para hacerse la foto. Los hay que van rápido, pero también algunos que se piensan que se encuentran allí solos y deciden hacerse foto de grupo, foto de grupo más los guías, foto de grupo con la bandera del país de turno, foto un móvil, foto con otro móvil … Hasta que otro grupo se cansa de esperar y prácticamente les tira del sitio. Nosotros esperamos pacientemente nuestro turno, porque tampoco es plan de irse de allí sin LA FOTO …

Dejamos que el resto de grupos tras nosotros se disputen este codiciado Photo Call de las alturas y comenzamos el descenso. Al igual que el resto de jornadas, en bajada nuestros guías se olvidan del modo pole-pole y pasan al modo a tope. Por ello, el primer tramo de bajada lo hacemos en apenas una hora a través de una pedrera de piedra fina que facilita bastante el descenso. Durante esta bajada empiezas a darte cuenta de los estragos que puede llegar a causar la subida en las personas. Bastante gente tiene que bajar de la mano de porteadores para no tropezarse y caer por el nivel de agotamiento que llevan. Otros directamente, bajan casi en volandas entre dos porteadores.

Nosotros, en general, nos encontramos bastante bien todos, por lo que podemos continuar el descenso a buen ritmo hasta volver al campamento, donde podremos comer y descansar durante un par de horas. Al llegar nos dicen que Joan se había despertado sin encontrarse mejor, por lo que había decidido bajar hasta el siguiente campamento.

Pues nada, que hace un rato, estábamos en la cumbre, ¿no?

Mientras descansamos y disfrutamos del reto superado vamos haciendo puesta en común de la experiencia de la subida. Todos hemos pasado por el momento borrachera, así que nos contamos por donde nos daba a cada uno, efusividad, problemas de geolocalización, sensación de irrealidad … Gajes del oficio …

Pero bueno, esto se acaba. Después de comer, de nuevo mochilas al hombro y hacia Millenial Camp, donde llegamos en poco más de hora y media. Cuando llegamos, Joan nos cuenta como decidió descender al encontrarse cada vez peor. Como era de esperar, en cuanto bajó unos metros los síntomas remitieron y ahora se encuentra bastante mejor. Nosotros le contamos como ha sido la subida y nos vamos a descansar un rato antes de cenar.

Día 6. Millenial Camp (3700 m) a Mweka Gate (1600 m). 13km

Último día en el Kilimanjaro. Por suerte cuando nos despertamos está un poco despejado y podemos despedirnos del Uhuru Peak antes de abandonar el reino encima de las nubes.

Adios Uhuru Peak
Porteadores en pleno momento propinístico

Desde aquí un largo descenso en el que iremos atravesando los mismo paisajes que visitamos a la subida, pero en orden inverso. Del desierto alpino pasaremos por el páramo hasta acabar en el bosque tropical donde se encuentra la puerta de salida del parque.

De vuelta al páramo. Ascención Sponsored by Analog Devices
Última foto siendo colegas de los guías. A partir de aquí tendríamos nuestras pequeñas diferencias

Alrededor de las doce del mediodía llegamos a Mweka Gate, donde tendremos que esperar un rato hasta que nos dan nuestros diplomas de cumbre. Desde aquí a comer con Brayson ya que Godifred ha desaparecido sin despedirse. Durante la comida tocamos el peliagudo tema de la propina, que nosotros la habíamos gestionado directamente con la agencia, lo cual no pareció gustarle mucho a Brayson. En fin, cosas que pasan. Después vimos como Brayson hablaba con el comercial de la agencia y no se como acabaría el tema entre ellos. A nosotros nos devolvieron al Weru Weru, donde habíamos dejado el equipaje que no era necesario para el Kilimanjaro, y donde nos prepararíamos para las excursiones al Serengueti y al Ngorongoro.

Geografía de la zona de confort

Por muy de alternativo y antisistema que vaya uno por la vida hay ciertas inercias de las que resulta difícil abstraerse en estas fechas. Y no, no me refiero a felicitar las navidades en grupos de Whatsapp a diestro y siniestro, ni a elogiar el discurso de Navidad de Felipe el Preparado, sino a hacer un balance del año que baja el telón. En estas estoy cuando, le echo un vistazo al blog y me doy cuenta que la última actividad reseñada es de hace justo un año. Que cosas!! Yo intentando hacer balance del año y me encuentro tal periodo en blanco en el blog.

No es que no haya habido actividades montañeras que contar durante este periodo. Tampoco han sido muchas para ser sincero. Unos cuantos días de esquí comodón en Austria, alguna paliza de travesía bastante interesante en Semana Santa, alguna visita escaladora a lugares comunes de la terreta, antes de que los pies de gato me amenazaran con el divorcio, un par de visitas a Pirineos para colaborar con los coleccionistas de tresmiles … y poco más. Vaya … así leído tampoco está tan mal.

El asunto es que ha sido un año distinto. Siguiendo otro de esos conceptos que se ha puesto tan de moda últimamente, diré que mi zona de confort ha ido mutando desde las laderas blancas de Pirineos, hasta las más escondidas plazas de Valencia, pasando por las intrincadas callejuelas de Bangalore o Fez o las fincas cafeteras de Salento.

Ha sido un año en el que, por negocios y placer, me he movido más por la dimensión horizontal que por la vertical de nuestra geografía. Socialmente (o materialmente, como se quiera mirar), por suerte, me he mantenido en las mismas coordenadas tanto verticales como horizontales. Cosa que cada día parece ser más una excepción y de la cual sigo pensando que todavía no soy lo suficientemente consciente del privilegio que supone.

Más cuando por motivos laborales te toca pasar dos semanas en una ciudad del sur de la India, donde puedes ver como se agolpan alrededor de doce millones personas, setenta y cinco mil toneladas de basura, vacas, ratas, perros y un caos de motos y coches en sus calles. Calles, cuyos charcos después de una breve lluvia son aprovechadas por madres para bañar a sus hijos de poco más de un año ante la indiferencia del resto de habitantes. Una realidad extremadamente asfixiante para un alicantino, español y europeo (me estoy haciendo de Ciudadanos) pero que no es más que el día a día para mil trescientos millones de personas.

Del infierno urbano de la Sillicon Valley de India a la tranquilidad de la tierra del olvido colombiana. Una tierra donde, pese a la violencia que todavía existe en zonas del país, el principal bullicio que se oye es el de la salsa, la bachata o el ballenato que se escucha por la ventana de una casita cualquiera a lo largo y ancho de la geografía de un país que resulta ser un regalo para los sentidos de cualquier amante de la naturaleza y de la gente humilde y sencilla. Atrás quedaron los tiempos de la guerra en las calles entre los cárteles y el gobierno. Que os voy a contar, guerras financiadas por intereses extranjeros por tierras de cultivos, fugas de capitales, recursos naturales … Viajar por Colombia a la vez que lees una novela de García Márquez te hace darte cuenta de dos cosas, lo importante que es conocer un sitio y sus gentes antes de juzgarlos y lo marcados que están a fuego ciertas costumbres, tradiciones o comportamientos en los habitantes de un territorio. ¿Cosas de la geografía de nuevo?

Y por acabar con la ruta por el sur (económico) del mundo una visita por Marruecos. De nuevo tierra de contrastes, tan cercana a España, tan parecida geográficamente (al menos el Rif) pero a la vez tan distinta culturalmente. Regateos por aquí y por allá, recorridos laberínticos por la medina y compras en talleres de costura que me transportaron a una infancia de olores a piel, cemen, y ruidos de maquinas de coser.

Sin embargo, pienso que durante este año no solo he conocido estos otros lugares tan alejados, sino que también la ciudad donde llevo viviendo media vida. No se si será por el cambio político que ha habido, pero la ciudad me parece otra cosa. Un lugar más amigable donde vivir y con más actividades para todos. ¿Será que al final cada uno genera la realidad que quiere ver?

En fin, un año de idas y venidas, tanto de lugares como de personas. Amigos que se han ido, otros que han vuelto. Gente nueva, gente ya conocida a la que conoces todavía mejor y gente a la creías conocer pero que todavía te sorprende.

No sé, al fin y al cabo un año cualquiera más. ¿O no?

 

 

 

Seguidme, conozco el camino …

Los Chikos del Piolet somos todo unos admiradores de las obras de los más grandes alpinistas de la historia. Y cuando digo de las obras me refiero a sus obras literarias, porque sus obras alpinísticas nos quedan un tanto lejanas … Uno de estos alpinistas, Reinhold Mesner dijo una de esas frases lapidarias que marcan una trayectoria: “El valor de un alpinista es inversamente proporcional a la cantidad de material que se lleva”

Nosotros siguiendo al pie de la letra esta afirmación decidimos intentar el pico Mulleres desde Benasque. En plan light si señor. Crampones ligeros, dado que no hay mucha nieve, agua, barritas energéticas y poco más … GPS?? Para que? Conocemos el camino y no tiene pérdida …

El Pla de Aigualluts con el glaciar del Aneto al fondo

A última hora Manu decide no venir por no encontrarse bien, con lo que nos quedamos sin guía. Aun así, Luis, David y yo decidimos tirar para adelante. La primera parte del trayecto sí que la conocemos bien, pista hasta la Besurta y cruzar el Pla de Aigualluts. Después ya tendremos que remontar el valle de la Escaleta antes de girar hacia la derecha hacía Mulleres.

Unas huellas nos van marcando el camino a seguir

Comenzamos a subir por la Escaleta deleitándonos con la mañana que ha salido y con el aspecto tan especial que toman las montañas después de la primera nevada importante del año.

Viejos conocidos van asomando por el Valle de Aran.

Dejamos el Coll de Toro a nuestra izquierda y empezamos a pensar que no deberíamos tardar mucho en girar hacia la derecha para comenzar la ascensión propiamente dicha al Mulleres. En seguida vemos un valle que se abre a la derecha, y al fondo de él un pico que me resulta familiar.

-Ya esta, es por aquí.

-La huella por la que vamos sigue por el fondo del barranco

-Será del alguien que vaya en travesía al Valle de Aran. El Mulleres es ese pico de ahí. Nos va a tocar abrir huella.

Así que nada, más chulos que un ocho, giramos por el valle y afinamos al máximo toda nuestra agudeza montañera para ir evitando las zonas con mayor acumulación de nieve. Aun así acabamos hundiéndonos hasta la cintura en muchas zonas, por lo que llega un momento en el que decidimos pararnos y darnos la vuelta, porque no vemos factible la ascensión. Mientras almorzamos algo comentamos la jugada:

Después de todas estas reflexiones decidimos emprender el camino de regreso y pasar por el Coll de Toro para echar un vistazo a la zona de Artiga de Lin, donde el año anterior pasamos una Nochevieja de lo más entretenida.

La técnica de la media vuelta by LCDP Marca registrada

Descendemos un poco y encaramos el flanqueo que nos llevará hasta el Coll de Toro.

Llegando al Coll de Toro.

Una vez en el Coll de Toro nos giramos y empezamos a mirar la zona de donde venimos:

Ay, ay, ay que la hemos líado …
  • Pues aun nos quedaba un buen trozo al Mulleres – comentó yo señalando el pico que se ve en segundo plano en el centro de la imagen
  • ¿Pero no decías antes que el Mulleres era ese de ahí enfrente a la derecha?
  • Pues sí, pero ahora mismo no estoy seguro …

Otro montañero que escucha nuestra conversación nos confirma que el Mulleres no es el pico que pensábamos, si no que era el pico de Salenques y que en la zona por donde subíamos no hay ruta de subida a ningún pico de la zona. Cero patatero en orientación …

Tu a Salenques y yo a Mulleres

Ale, castigados al rincón de pensar, para aprender un poco de orientación o simplemente a cargar el track en el GPS …

En fin, damos una vuelta por el Coll de Toro, y antes de comenzar el descenso nos hacemos una fotos entre risas para que no se nos olviden estos errores en el futuro.

No me sigáis … que no conozco el camino …

En estas estamos, cuando un montañero ataviado completamente de rojo aparece en el Coll de Toro.

  • ¿Es el mismísimo Juan Barrachina?

Efectivamente, encuentros azarosos estos de los que se puede disfrutar en la montaña. Juan Barrachina, todo un amante de Pirineos y una de las personas con más horas de montaña que se pueden encontrar por tierras levantinas. Le comentamos la jugada, y nos saca de nuestro segundo error del día.

  • La huella que llevabais la he ido abriendo yo y os llevaba directo al Mulleres. Habéis girado a la derecha demasiado pronto.

Moraleja número 1: En la montaña (como en la vida) seguir la huella de los demás a menudo hace las cosas más fáciles. Decidir seguir tu propio camino puede conducirte a lugares inesperados. Lo cual no tiene porque ser necesariamente mejor ni peor. Simplemente distinto, y te suele aportar otra enseñanzas.

Corolario: Girar a la derecha demasiado pronto (en la vida) puede ser un error.

  • Tampoco ibais hacia el Pico Salenques … Eso de hay enfrente es el Pico de Barrancs.

Moraleja número 2: No todo aquel que te cruzas por el monte conoce mejor la zona que tu. Salvo que sea Juan Barrachina, la apisonadora de Segorbe.

En fin, lección aprendida y cura de humildad. Mucho montañismo ligero, ultra trail, 6b … para luego perderte subiendo uno de los tresmiles más asequibles de la zona de Benasque.

En esta situación debíamos recompensar a Juan por la enseñanza así que nos ofrecemos a ir con él al Pico de Estos al día siguiente, que él no lo conoce, y nosotros sí. Y esta vez va en serio …

  • Seguidme, conozco el camino…

 

Andando en vertical. Ignatius en el Yelmo (130 m, V+)

El verano va tocando a su fin. Rober pronto marchará de nuevo a las Antípodas, Luis ha comenzado una nueva andanza en Toledo como domador de serpientes, David tiene que cargar una batería con solera en Madrid y yo tengo ganas de conocer las escaladas mesetarias. Así que coche cargado hasta los topes y carretera y manta hasta Toledo, no sin antes sobrevivir a una granizada de película a la altura de Requena. Las gotas frías de ahora ya no son como las de antes …

Equipazo roquero. David, Durga post-rock star a la izquierda, Rober, unchained master en el centro, y Luis, la cobra de Villena, a la derecha

Después de barajar varias opciones, descartamos escalar en Galayos. Esta quedada viene a ser como una despedida para el viajero y no nos apetece mucho enmarronarnos en vías clásicas, no sea que alguien pierda un avión. Así que finalmente optamos por la Pedriza, zona de escalada por excelencia de la capital del Imperio Hispánico, y de las Gürtel, Púnica, Lezo y demás … En fin, como dicen los Riot Propaganda: “Madrid, Valencia griten lo mismo … ” Capitales de la corrupción patria.

Agua para todos … Privatícese!!!

Ya avisados de lo que es la escalada en adherencia pura nos dejamos aconsejar por la vía mejor equipada de la zona, la Ignatius. Visto lo visto, como serán las demás … La zona en sí es una pasada a nivel paisajístico. Las formaciones rocosas adoptan multitud de formas que les dan nombre según la imaginación de los lugareños.

El Yelmo

Es probable que dentro de unos años haya otro lugar digno de peregrinación en la zona … La cárcel de Soto del Real, ilustre morada de lo mejor de la trama político-empresarial española: Barcenas, Granados, Gonzalez y los que te rondaré morena.

Alrededor de mediodía llegamos a pie de vía y hacemos cordadas, David y un servidor iremos por delante y Luis y Rober nos seguirán. Los pasos más duros de la vía se encuentran en el primer largo que a pesar de ser los más verticales son los mejor asegurados, por lo que se pasa sin problemas.

David superando la sección más vertical de la vía

Largo relativamente corto que te deja en la repisa de la primera reunión.

Llegando a la primera reunión

Pero aaaamigo, aquí la cosa cambia. Me toca ponerme de primero y empezar a subir por una placa tumbada más lisa y suave que la piel de un bebe de seis meses. Entre seguro y seguro vacío, aire, la nada, simplemente una roca que como por arte de magia te permite que las suelas de los pies de gato se queden adheridas para poder ascender. Las manos simplemente acompañan el movimiento, huérfanas del más mínimo resquicio en la roca donde poder agarrarse.

Roca, vacio y (muy) de vez en cuando algún seguro

Poco a poco voy ganando metros hasta que veo una reunión, así que me tiro hacia ella como un loco, me anclo y me pongo cómodo. Recupero la cuerda y le digo a David que comience cuando quiera. Cuando empieza a subir ya oigo alguna onomatopeya poco frecuente en un séptimo-gradista como él. Parece ser que incluso de segundo la escalada esta tan distinta no te deja indiferente. Aun así, llega hasta mi altura y ataca el siguiente largo que comienza en travesía hacia la derecha. Mientras esto ocurre, Rober y Luis no lo ven tan claro y deciden solicitar el comodín de la llamada. Hacemos un poco de maniobras de escapismo y les echo lo que nos sobra de cuerda para que suban.

Yo me voy para Australia oiga …

Cuando llega Rober a mi altura le dejo la reunión y comienzo la excursión a la derecha disfrutando de la sensación de tener la cuerda por arriba en este largo viendo que la tónica de la escalada no cambia. Llego a la reunión, cargo el material y continúo sin pensármelo mucho. El largo que me ha tocado de todos modos da algún que otro pequeño respiro, en forma de mini-fisura o mini-regletas donde poder poner la mano para descargar un poco de tensión. El resto una secuencia interminable de pasos de ballet, pisando con mucho cariño y respeto la roca para que no se enfade contigo, te desadherencie y te mande al vacío pedricero con unos raspones de categoría por todo tu cuerpo.

Vistazo abajo desde la cuarta reunión

Por allí abajo parece que Rober y Luis siguen teniendo sus más y sus menos con la placa, así que David vuelve a tirar de maniobra de fortuna para lanzarles la cuerda.

 

Superadas las dificultades, David llega hasta donde estoy yo y le ataca al último largo, merendandoselo en un pis pas. Esta última sección ya no es tanto de adherencia, sino que discurre por una pequeña chimenea donde ya se puede escalar con pies y manos.

David, acabada la faena.

Subo yo rápidamente también y ya solo nos queda esperar a Rober y a Luis que superan este largo sin usar ningún comodín más.

– Rober, mira a la cámara … – David, os&%?$ … CAL$%·%$&!

Ya todos reunidos, nos echamos unas risas pensando en como cambia la escalada según el tipo de roca. Después, subimos la chimenea que nos separa de la cumbre del Yelmo.

Y nos vamos para abajo que con el calor que hace va apeteciendo una cervecita fresquita.

Como se nota que Soto del Real está cerca … no han dejado nada!! Aquí en su momento hubo, escuelas, hospitales …

Una vez abajo y después de cenar vamos al típico bar de escaladores locales, donde después de un rato de oír nuestras quejas por la vía escalada, uno de ellos explota y nos dice:

-Pero como se os ocurre venir al Yemo a escalar en Septiembre a mediodía ?!?!?!?!

A partir de aquí se monta una pequeña convención fanática de recomendaciones de vías por toda la geografía española, que acaba con los camareros del bar invitándonos a irnos ya, que va siendo hora de dormir. Nosotros, esta vez sí, hacemos caso de los consejos locales y nos vamos a dormir a un claro entre las rocas pedriceras, rodeados de los cantos de ranas … ¿Serían las ranas de Aguirre que se habían escapado de la carcel?

Culebreando entre otoño y verano. Picos Culebras y Vallibierna

Esta historia comienza una tarde de un sábado cualquiera de Septiembre en una de las bucólicas praderas a medio camino entre Benasque y Eriste.

David y Manu disfrutando de una placentera siesta

La tarde se ha quedado muy bonita en el valle …

… pero las cosas a menudo no son tan sencillas como aparentan …

 

… DIEZ HORAS ANTES …

Cuando comenzamos a andar a eso de las 8 de la mañana las nubes están enganchadas en la divisoria. Nada extraño en esta zona, a las nubes parece gustarle más los valles franceses que los españoles. A nosotros, este fin de semana también por lo que decidimos intentar el Maupas y el Boum por eso de tachar un par de tresmiles de la lista y por conocer valles nuevos.

La previsión meteorológica anunciaba esta nubosidad matinal que debería ir levantando con el paso del día. Por ello, nosotros comenzamos a caminar en dirección al Puerto Viejo de Benasque, a través del cual entraríamos en el valle de Maupas. Conforme vamos ganando altura la niebla se va haciendo más densa e incluso comienza a lloviznar.

Chubasquero-gabardina sin capucha. El último grito en ropa técnica de montaña (Temporada de Otoño)

Aunque llevamos GPS, nos vamos perdiendo a ratos ya que la niebla no se marcha y no conocemos el terreno. La lluvia también arrecia y para rematar la jugada empieza a soplar un viento gélido.

 

A eso de las 11 de la mañana, la lluvia y el viento comienzan a ser insoportables, así que decidimos parar a ver si mejora la situación. Sacamos las mantas de supervivencia (ese objeto que siempre llevas en la mochila esperando no usar nunca) y nos acurrucamos a esperar que escampe. Pasada media hora de ejercicios de contorsionismo para protegernos del viento y cubrirnos con las mantas nos damos cuenta que la situación no tiene ningún sentido y decidimos volvernos a Benasque lo más rápidamente posible. Cuando ya hemos descendido unos cuantos metros paramos a desayunar algo.

Capa técnica con brillos cromados para lo más duro del Invierno. Incorpora casco, gorro quechua y latas de espárragos y aceitunas

Ya de vuelta al calor de las profundidades del valle pensamos que hacer el día siguiente ya que nuestro plan original se lo había llevado el viento. Siendo domingo y teniendo que volver pronto a Valencia, decidimos ir hacia los picos Culebras y Vallibierna, por la Sierra Negra para ir conociendo la zona de cara a la temporada de invierno. Además es la zona más al sur del valle, por lo que será la que mejor tiempo tenga.

Las nubes siguen pegadas a Francia

Hoy decidimos ponernos en plan técnicos. Mochila ligera y zapatillas de trail … cosas que antes criticabamos y ahora hacemos … en fin, lecciones que te da la vida. Nunca digas de este agua no beberé y estas cosas.

Temporada de verano. Bambas ligeras y a echar humo por la Castanesa

 

Terreno muy cómodo para ir con zapatillas y ritmo vivo

Después de la típica confusión matinal unos pastores nos indican el camino correcto hasta la cabaña de Ardonés donde dejaremos el coche antes de subir por unas lomas que nos dejaran en la cadena de cumbres que conforma la Sierra Negra. Dicha cadena consta de muchas cimas entre los 2500 y 2800 metros que hay que ir coronando antes de llegar a la base del pico Culebras.

Ya asoman Culebras y Vallibierna al final del valle

Las vistas a la cara sur del macizo del Aneto son bastante impresionantes desde aquí y más con la primera capa de nieve que dejo la tormenta sorpresiva de ayer.

Yendo con tan poco peso y calzado cómodo llegamos en seguida a la base del Culebras donde hay que pensar que camino elegimos para subir.

Todos los caminos llevan a la cumbre del Culebras

Para ahorrarnos la subida por la canal de roca suelta decidimos ir en travesía hasta el Collado de Llauset para desde allí atacar directamente a la cima por la arista medio trepando.

Manu superando la primera parte de la cresta

Por terreno relativamente sencillo llegamos a un pequeño collado desde donde ya se ven a tiro de piedra tanto el Culebras como el Vallibierna. Solo nos queda esperar que un grupo grande que ya baja terminen de bajar el paso más delicado.

En dirección de subida este es el paso más complicado. Una pequeña travesía a izquierda donde hay que trepar un poco.

Desde aquí ya se llega sin ninguna otra complicación a la cima del pico Culebras.

La siguiente cumbre es Vallibierna

Pero aquí la cosa ya cambia. Para enlazar con el Vallibierna hay que atravesar el paso de caballo. Una corta pero afilada arista de roca, que mientras unos pasamos a horcajadas otros pasan dando saltos y silbando.

– ¿Que no pasas? … No estoy esperando que vuelvan mis amigos con el perro

Una vez aquí es cuestión de agachar el culete y restregarlo por la roca …

… para llegar a la cumbre de Vallibierna y desquitarnos un poco del día tan accidentado que había sido el anterior.

Para bajar decidimos descender directos por la canal de piedra que antes habíamos descartado ya que nos dejará más cerca del collado desde el que luego volveremos a la Castanesa.

Recuerdos Puigcampaneros bajando por la pedrera cual cabra montesa

Una vez en el collado, parada rápida para picar algo y recorrer toda la Sierra Negra en sentido inverso hasta llegar a la cabaña de Ardonés donde habíamos dejado el coche.

 

Track de la ruta

Pirineos Go! Hazte con todos … los tresmiles. Ramougn

El verano del año 2016 pasará a los libros de historia por un hecho que revolucionó el mundo civilizado. ¿Cual? El pueblo español (muy español y mucho español)  vuelve a votar en masa a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno ??? … NOO !!! … Por la irrupción en esta sociedad histérica de Pokemon Go! Durante un par de semanas no habrá día en que uno encienda la tele y no tenga que tragarse una par de noticias sobre la situación más esperpéntica en la que alguien ha sufrido un accidente mientras intentaba cazar un Pokemon virtual. Cosas de la psot-Modernidad y las nuevas tecnologías …

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Lac de Aubert. Un lugar idílico para hacer vivac

Nosotros, todavía en el área del Neouville, donde no hay cobertura, y por tanto no podemos dedicarnos a cazar a estos bichos inventados, tendremos que conformarnos con cazar tresmiles. Curiosa la tendencia antropológica que tenemos de coleccionar cosas, ya sean tresmiles, Pokemons, piedras, conchas o cuberterías de equipos de fútbol …

El Ramougn es uno de esos tresmiles para coleccionistas. Apartado de los macizos principales y con una vía de acceso que requiere de trepadas un tanto aéreas. Pero vaya, como suele pasar con el coleccionismo, estas cosas hacen más valioso al objeto de deseo, por lo que aquellos que quieren acabar su lista de tresmiles (no miro a nadie, Rober, Luis, Jose Luis, Manu) han de alcanzar su cumbre.

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Allá al fondo el Ramougn

El día vuelve a amanecer radiante, así que sobre las 7 de la mañana nos ponemos en marcha Rober, Berta, Eduard y yo. La primera parte de la subida nos vuelve a regalar unas vistas espectaculares sobre esta zona del Pirineo Francés. Los hitos aparecen y desaparecen bastante a menudo, pero como Rober y Berta han hecho esta ruta dos días antes nos van dirigiendo hasta que el camino hacia el Ramougn se separa de la ruta normal al Neouville.

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Superado este caos de bloques, giraremos hacia la izquierda en dirección al Ramougn

En este punto entramos en el nevero, por lo que hacemos una parada rápida para colocarnos los crampones y sacar el piolet. Conforme nos vamos acercando a la base de la arista que conecta el Ramougn con el Neouville la subida parece más complicada.

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Según hemos leído en las reseñas no hay ningún paso especialmente difícil, pero si varios con patio. Conforme seguimos acercándonos vamos identificando los punto claves de la ruta lo cual nos tranquiliza un poco.

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Finalmente salimos del nevero y ya nos montamos en el canal de roca donde empieza la escalada al Ramougn. Eduard y yo formaremos una cordada que iremos por delante y Rober y Berta nos seguirán.

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Equipándonos antes de meternos en faena

La principal dificultad se encuentra nada más comenzar, donde hay que atravesar una placa tumbada con un patio interesante desde un pequeño collado hasta otro canal de roca. Afortunadamente, la placa tumbada tiene multitud de fisuras y recovecos por donde avanzar y meter seguros para proteger. Además, con los pies de gato se sube sin problemas. Paso yo y Eduard viene después.

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Placa tumbada que hay que atravesar por la vertiente norte

Continuo de primero intentando buscar el camino más evidente en todo momento. La ruta se asegura muy bien, la roca es muy aceptable y ya no hay tanto patio, así que seguimos ascendiendo por la vertiente norte sin mayor problema. Cuando las cosas se complican por este lado me da la impresión que hay que cruzar la arista hasta la vertiente sur. Mientras me lo pienso llega un guía francés con un cliente que nos adelanta. Compruebo que han cruzado la arista como yo suponía, por lo que me pongo a rebufo y les sigo.

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Eduard atravesando la misma placa

Llega Eduard y pide seguir él de primero. Le paso los cacharros y comienza él a seguir la estela de nuestros vecinos del norte. La cosa se pone un poco más fácil de momento, puesto que se continua por una chimeneas bastante protegidas hasta llegar a otra placa, donde hay que volver a proteger con friends y lazos.

Desde aquí ya alcanzamos la cumbre donde coincidimos de nuevo con los franceses. Les preguntamos que desde donde se rapela, a lo que nos contestan con “Ne pas rapel” … Asi que nos tocará destrepar todo lo escalado hasta aquí.

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Esperamos a Rober y a Berta para hacernos la foto de cumbre todos juntos y comenzamos el descenso.

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El SAM vuelve a la carga

Con el camino memorizado de la reciente subida volvemos al collado sin ninguna dificultad, donde recogemos cuerdas y volvemos a calzarnos los crampones para comenzar el descenso.

Aquí tenéis el track en Wikiloc.

https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14055737